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El pasado 19 de marzo, con motivo del Día de Sant Josep, patrón de nuestra institución, la Clínica del Remei celebró una jornada pensada para reunir a todos los equipos y fortalecer los vínculos con la comunidad de Hermanas. La propuesta, impulsada por el SAER (Servicio de Atención Espiritual y Religiosa), combinó momentos de espiritualidad, convivencia y reflexión compartida.
La celebración comenzó a las 12 h con una Eucaristía en la capilla del centro, seguida de un refrigerio en la cafetería que permitió que profesionales de mañana y tarde pudieran participar. El personal del turno de noche, por su parte, recibió un ticket válido para un desayuno en reconocimiento a su dedicación.


La tarde culminó con la segunda edición de “Conversem amb…”, un espacio creado por el SAER para acercar la vida y experiencia de las Hermanas que forman parte de nuestra institución. En esta ocasión conversamos con Hna. Julia Pérez, Hna. Esther Gutiérrez, Hna. Ana Quero y Hna. Constantine, cuyas trayectorias vitales y espirituales emocionaron al público y generaron un profundo sentimiento de admiración.
Hna. Julia Pérez: 67 años de vida religiosa marcados por la misión
La Hna. Julia compartió una historia que comenzó cuando, con tan solo 13 años, ingresó como aspirante. Sus primeros pasos fueron en la Clínica del Remei, pero pronto la destinaron a Colombia, su primera salida al extranjero y un fuerte impacto personal. Allí trabajó en un barrio muy pobre, donde las Hermanas impulsaron obras sociales, escuelas y centros de salud, además de tareas catequéticas.
Posteriormente vivió en Perú, país que la recibió en plena epidemia de cólera y en un contexto convulso debido a la crisis política. Recordó especialmente el miedo vivido al intentar regresar a casa en coche durante un toque militar: “Por suerte me identificaron y me acompañaron hasta casa”, explicaba, con serenidad pero emoción.
Hoy forma parte de la comunidad de Solius.
Hna. Esther Gutiérrez: nueve años en África y una vida dedicada a la historia del Instituto
De origen burgalés, la Hna. Esther realizó su formación en Girona y Barcelona. Explicó la suerte que tuvo de asistir tanto a la apertura como al cierre del proceso de beatificación de las Hermanas mártires, etapa en la que dedicó muchas horas a la investigación histórica del Instituto.
Relató también sus nueve intensos años en Ruanda, Congo, Camerún y Guinea, donde ejerció como delegada para coordinar y animar comunidades de cuatro países. Fascinada por la naturaleza y por la fe vivida en aquellas tierras, destacó la labor conjunta entre el Instituto y numerosos voluntarios —incluido, recordó con humor, “un humilde hijo del príncipe de Bulgaria”— para la creación de centros de salud.
No ocultó las dificultades: la inseguridad, los conflictos armados, el dolor por los accidentes de las Hermanas Presen y María Asunta, la falta de recursos médicos o el reto de convivir sin luz ni comodidades.
Aun así, concluyó con una lección profunda:
“Me prometi a mi misma que nunca más me iba a quejar, porque hay muchos que no tienen tanto.”
Hna. Ana Quero: 22 años en Perú acompañando vocaciones en tiempos difíciles
Natural de Arjona y la mayor de tres hermanos, la Hna. Ana explicó que su vocación nació en el hogar, aunque sus padres inicialmente no la entendieron. Viajó a Perú junto con la Hna. Adela, donde pasó 22 años dedicada a la formación de jóvenes.
Recordó la dureza del contexto marcado por el terrorismo, las desapariciones y la violencia, y cómo acompañar vocaciones en medio del miedo era un desafío constante. Destacó la fuerza de la Iglesia peruana, el ambiente fraterno del noviciado y el surgimiento de un centro médico apoyado inicialmente por Intermón, que años más tarde derivó en un comedor para personas afectadas por tuberculosis, esta vez con apoyo de nuestra Obra Social.
Regresó a España para cuidar de sus padres, agradeciendo la comprensión y flexibilidad del Instituto:
“Me permitieron acompañar a mi familia sin dejar mi misión.”
Hna. Ernestine: una vocación joven que crece en Barcelona
Procedente de Ruanda, la Hna. Constantine profesó sus votos hace 13 años. Con formación en matemáticas, química y biología, ingresó al Instituto tras una búsqueda personal marcada por la búsqueda de paz interior y la ayuda espiritual de las Hermanas.
Explicó con claridad las etapas formativas —prepostulantado, postulantado y noviciado— y la importancia de cada una para discernir la llamada de Dios. Destacó lo que significó para ella visitar la casa de Maria Gay, a la que describió como “un museo vivo después de tanto estudiarla”.
Actualmente reside en la comunidad de la Clínica del Remei mientras cursa Ciencias Religiosas en Barcelona, recordándonos:
“Ser religiosa es una formación continua.”

Un público emocionado y un mensaje final sobre la fe
Las intervenciones despertaron profunda admiración entre los asistentes, que subrayaron la valentía de las Hermanas al dejar sus países, adaptarse a nuevas culturas y afrontar realidades complejas. Todas coincidieron en que la fe es su principal sostén:
“Solas no podríamos.”
La Hna. Martha, superiora de la Clínica del Remei, expresó su satisfacción por su comunidad y por el compromiso de las religiosas más jóvenes.
Por su parte, Eulàlia, responsable del SAER y promotora del ciclo Conversem amb…, compartió también su experiencia como voluntaria en Marruecos. Explicó que, en ocasiones, en contextos de gran vulnerabilidad “no siempre se puede hacer o ayudar en todo”, pero que dar voz a las vivencias ya supone un acto de acompañamiento y de reconocimiento. Subrayó que existen vidas duras y situaciones profundamente complejas, y que escuchar historias reales nos permite mirar la vida de forma diferente.
De ahí nace este espacio: “Conversem amb… “ para dar voz a historias que nos ayudan a mirar la vida de otra manera. Todo el mundo tiene una historia. Conocerlas nos transforma.”
Una jornada para reencontrarnos como comunidad
El Día de Sant Josep se convirtió así en una experiencia de encuentro, gratitud y memoria compartida. Una jornada que nos recuerda el valor de nuestra misión común y el papel fundamental que las Hermanas han tenido —y siguen teniendo— en la historia de nuestra institución.